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domingo, 20 de diciembre de 2009

Un instante malo en la vida… la muerte

Posteado por Almohadón de plumas | Categorías , | a las 23:32

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Por: GABO

Llega tarde a casa. Entra despacio, pero anuncia su llegada. Toma un vaso con leche y bebe. Se refresca también en la ducha. Empapada, se desplaza semidesnuda por la cocina, luego atraviesa por la sala y sube las escaleras hasta llegar a su habitación. Entra y cierra la puerta. Mira a su alrededor sin prender la luz.

Enciende el estéreo y escucha el bajo armónico de John Deacon que da la introducción a Under pressure, de Queen. Iniciada la melodía con la voz de Mercury, abre un cajón del buró que está cerca de su cama y saca un papel blanco; lo mira, luego lo regresa a su lugar aventándolo desganadamente. Pasa ambas manos sobre su rostro en forma ascendente y suspira mientras echa su cabeza hacia atrás. Vuelve a bajar sus manos presionando su rostro, jalando sus mejillas hacia abajo.

Segundos después se recuesta en su cama. Gira su cuerpo hacia donde está el buró y estirando su mano en un movimiento tira un vaso con agua que había en el mueble. Hace caso omiso a este pequeño incidente. Toma de nuevo el papel, toma también un Cutter y con él, pica un polvo blanco que va sacando del papel y esparciendo sobre el buró en forma de líneas. Se inclina y aspira. Aspira fuerte.

Se tiende de nuevo sobre su cama que permanece destendida desde la última vez que estuvo en casa, hace tres noches. Boca abajo, con los brazos extendidos, como formando una cruz, aún semidesnuda y mojada, se queda allí, inmóvil. Pasan unos minutos y su mano derecha, que cuelga de la cama, por la mala postura, tiene un movimiento brusco e inesperado. La música ya es otra, A day in the life, de John Lennon. “…He blew his mind out in a car…”, se oye de manera aguda y suave en voz del ex beatle, fuera de eso, parece no haber más ruido ni movimiento en el entorno.

La única luz que ilumina la habitación es un pobre destello que entra apenas desde un poste de alumbrado público. Una luz que atraviesa unas cortinas transparentes de color azul y que hace más o menos visibles los objetos de la habitación: cama, tocador, piso alfombrado, algunos retratos en la pared y un gran desorden. Pero sus ojos ya no ven y con dificultad sus oídos pueden percibir sonido alguno. La música ya es otra, Nock nock nocking at heaven door, de Bob Dylan.

¿Corren los minutos o pasan lento?
Un líquido verde, viscoso, tal vez amarillento, comienza a salir por su boca y nariz, viéndose obstruido por la almohada. Pequeños ruidos acompañan esta acción. Nada parece tener sentido. ¿Acaso la vida tiene sentido? Retumban como eco estas palabras en su cabeza: “¿acaso la vida tiene sentido?”, mientras analiza y recorre su vida. La soledad es un gran santuario para esconderte de los demás en tiempos difíciles.

Ella voltea su rostro, respira con dificultad. Se levanta. Sin sentir, se despoja de una toalla que rodeaba su cintura, quedando así completamente desnuda. Sus pechos cuelgan víctimas de la gravedad y se mueven al compás de sus caderas al andar. Tiene frío, se nota su piel erizada: en sus brazos, en sus pezones, en el temblar de su cuerpo. Camina tambaleante. Baja el volumen del estéreo que se había vuelto más estruendoso con la voz chillona de Alex Rose que canta “I don't have plans and schemes, And I don't have hopes and dreams… Since I don't have you…”. Da la espalda al aparato y se encuentra frente al espejo, se reconoce.

Su cabello aún está húmedo. Su piel se eriza por el frío nuevamente. Recuerda. Ahora son sus hombros, sus senos, sus brazos. Es de madrugada. Han pasado apenas unas horas desde su llegada. Aún conserva el olor a alcohol en la boca, y los malestares de una embriaguez siguen presentes.

Se dirige a un medio baño que hay dentro de su habitación; parece no estar mejor, en su difícil andar tropieza al entrar y cae al suelo golpeándose la cabeza violentamente con el retrete. Muere allí. Muere instantáneamente. La música ya es otra, pero no importa, nunca importó. ¿De qué se trata esta vida?

gabriell_19174@hotmail.com

So Close

Posteado por Almohadón de plumas | Categorías , | a las 23:27

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Por: Worlok

Cuántas veces quisimos estar así, solos tú y yo, sin público, sin espías, sin alguien que interrumpiera nuestro momento de intimidad. Ahora estamos aquí, aislados, después del esfuerzo de una vida por fin lo logramos. No explico tu semblante serio, deberías estar feliz, estamos juntos de nuevo.

Tu olor invade la estancia, ese aroma que desprende tu piel en cada suspiro, el que siempre te acompañó, día y noche. Ahora es tan distinto, se vuelve insoportable con cada segundo que pasa, pero te amo y no me importa, sólo estamos tú y yo.

Desde aquí veo tus labios, húmedos aún, tu rostro fino, tu belleza indescifrable. Tu cabello oscurece con la noche y contrasta con la piel blanca que te sirve de abrigo. Por qué ahora que desplazo mi mano sobre tus senos no te petrificas. Antes tus bellos se erizaban de inmediato, tus pezones se izaban como apuntando hacia el cielo, era la señal para iniciar el acto. Ya no es así.

Tal vez ya no te exciten los juegos de antes, quizá mis manos no tengan la fuerza de ayer o he dejado de ser atractivo para ti. Tú no, aún me pareces un misterio, sigues ocupando mis pensamientos pese a tantos años que han pasado.

Tus mejillas están heladas como todo tu cuerpo ¿te sigue fascinando el frío? Qué más da, después de todo no puedo terminar de conocerte, no sé cuándo hablas con sarcasmo y cuándo con sinceridad. No temas, habla, grita, nadie te escucha, estamos tú y yo solos en este árido lugar, como fantasmas, como sombras, como tenues luces a punto de apagarse.

Te amo, a pesar de la caída, de las caricias prematuras y la nequicia de tus actos; ya no te aterra que lo diga ¿verdad? Te era imposible disimular el miedo y ahora tal vez no te importa, quizá tú ya no me ames, pero al menos deberías responder por simple cortesía.

Miras fijamente hacia ningún lado como intentando evadir mi mirada. ¿Qué piensas?... cuán extraños pensamientos pasan por tu mente y se extinguen como la luz de las cuatro velas, como la luz de la vida, la que te fue negada en el ocaso.

Estamos solos, tú y yo, como siempre quisimos estar, sin nadie que intentara corroer los lazos invisibles que no ataban, sin impedimentos, sin el tiempo contado.

Igual que ayer, la noche se cuela por los ventanales, la luna hace juego con tu rostro, pero ya no sonríes, tus manos no sienten, ni tus odios escuchan. Ya no respondes a tu nombre…

Por fin estamos juntos de nuevo, solos en la intimidad de la noche, en el asilamiento de los cuatro muros, listos para hacer el amor. Pero hoy, al igual que ayer, estás muerta y mañana lo estarás y todas las vigilias que me restan en la vida.

Lastima mi amor que el único momento de absoluta soledad sea éste, tan cerca y tan lejos el uno del otro.

wolfskrieger14_88@hotmail.com

ASUNCIÓN

Posteado por Almohadón de plumas | Categorías , | a las 23:11

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Por: Chako Perez

Por qué no pude sacarte de mi cabeza cuando fue el momento, por qué te pedí perdón y te otorgué indulgencia, creo que eso es lo mejor que he hecho a pesar de lo malo que pudo ser. Entonces por qué deje que se acabara, Por qué no supe enseñarte el camino hacia mí, tal vez simplemente ya no me importaba.

Estás en mi cama, dormida, un poco borracha, después de estar en La puerta Negra, después de disertar sobre qué era el amor, y yo dije que el amor eras tú, y tú dijiste que el amor era yo. Entonces nos besamos, olvidamos el tema y seguimos embriagándonos, hasta terminar en mi cuarto, después de haber tenido un polvo en aquel parque, y aquí estás tendida sobre las sábanas dormida, borracha, con ese olor tan tuyo que tienes después del sexo.

Ahora te dejo, me dejas, no sé quién deja a quién. Me estoy cociendo. ¡Mierda! Por qué debe ser tan complicado el tema de la sinergia y la comunión. Me gusta que hables, me hace feliz el sonar de tus labios, la hilaridad de tu risa, la exquisitez de tu sonrisa. Y prefieres callar y escucharme, yo no escuché lo que necesitabas y tú hiciste oídos sordos a lo que yo suplicaba. El silencio tal vez fue nuestro mejor lenguaje.


Los días pasan, y el olor de ti aún sigue aquí. La humedad de tu cuerpo inunda mis sabanas, mis muebles. Tu reflejo aún me mira en el espejo y hasta te hago un espacio en mi cama. No puedo aferrarme más a ti, sin embargo, no me doy por vencido y hoy te he pedido una vez más que no te vayas, toma mi corazón, toma lo poco que todavía me queda de razón. Es difícil soportar ahora la vida después de que me habías llevado hasta los confines del universo con tu hermoso cuerpo esbelto.

El dolor es tan grande, tanto como el amor. La carretera del olvido es muy larga, nunca me ha gustado ir por la vía rápida, me gustan las curvas. Tal vez por eso mi amor hacia a ti, en tus andares sinuosos me perdí tantas veces como fue posible y me gustó, conocí todos tus caminos, recorrí tus planicies, tus tundras, tus tierras calientes, y tus montañas. Nadé en tus mares y anduve en tus playas. Y ahora ando sobre un camino recto, plano, que no me da nada. Anduve en tus veredas y conocí todas las flores del mundo; ahora mi camino es árido y tenebroso. Gracias por dejarme conocer la mejor carretera que haya transitado el hombre.

Asunción, ese nombre me gusta, tú me llevaste a lo más alto, también me enseñaste hasta donde podía caer. Asunción, el sollozo de tu nombre regresa con el viento nocturno y perfuma esta fría habitación, donde hasta ahora te hago un espacio en mi cama...

El controlador

Posteado por Almohadón de plumas | Categorías , | a las 23:05

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Por: Ziysanma

Me gusta pensar que tengo el control en ciertos momentos. Busco un motivo, tal vez insignificante, para comenzar a devorar a los demás, les pico el cerebro por aquí, les pico el culo por allá, y ustedes ni siquiera se inmutan, siguen disfrutando de la palabrería que voy soltando a lo largo del recorrido, me creen las patrañas porque son simple basura.

Algunas veces, esto no es siempre, se acercan para tratar de adular el buen trabajo realizado a lo largo del día, no digo nada, los veo y asiento con la cabeza, piensan que los tomo en cuenta, pero no, muchacho, nada de eso, ustedes están por aquellos campos de desperdicio durante la jornada de trabajo, mientras yo disfruto en un valle de gran hermosura de la tranquilidad ofrecida por mi puesto, véanlo porque así es.

No necesitan palabras de este viejo, este anciano y decrépito cuerpo es sólo una existencia sin más por el momento, sin más por el futuro, no crean en nada de lo que digo, ya que la verborrea creada por mí no tiene nada de importante, soy peor, más estúpido, más egoísta, más despreciable de lo que son ustedes, sin embargo, cuando llegan para pedir un buen consejo, no ven ese punto por la idiotez fundada, alimentada y aceptada de sus mentes.

Hoy iré a buscar un par de chicas en la calle más despreciable de la ciudad, voy a tomar unos tragos, meterme algunas pastillas por la boca y por el ano, esta noche me perderé entre los vicios sagrados, me hundiré en ellos para salir hasta el otro día y ustedes, bola de ineptos no se darán cuenta, creerán que estuve en la casa leyendo algún libro, viendo la televisión después de la lectura, tomando café con leche antes de dormir y ¡oh, sorpresa! No será de esa forma.

Buenos chicos, nunca cambien, sigan consumiendo las mentiras brotadas de mi suave y delicioso aliento a menta, déjense llevar por la melodía infantil de mi voz, crean en todo lo que digo, porque nadie puede equivocarse del todo, puedo decir verdades ciertas veces, escuchen atentos mis consejos sobre cómo mandar al diablo a la perra con la que duermen, pongan atención sobre las instrucciones para pincharse el brazo, no dejen ir mis historias de viajes en un cuarto obscuro, sucio y maloliente, pongan atención, recuérdenlo todos los días de su vida porque al menos si no les sirven, me ayudan a creer que tengo el control en ciertos momentos.

IMSS

Posteado por Almohadón de plumas | Categorías , | a las 22:54

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Por: Ana

Y ahí estaba yo, acalorado, desesperado en la sala de espera de una clínica.
No había ninguna ventilación, quizá tras esos canceles… imposible saberlo, la oscuridad reinaba tras ellos, si es que esconden algo no lo puedo ver.

La habitación tenía amplias dimensiones, las lámparas carecían de intensidad y la luz se asimilaba a un día nublado, los mosaicos de las paredes eran de un verde oxidado, el piso emitía las tonalidades del pasto, se inhalaba un aroma falto de oxígeno, olía a sustancias curativas combinadas con las esperanzas y desesperanzas emanadas de cada cuerpo presente. En ambos costados había consultorios enumerados del 1 al 9 con letras doradas en sus puertas, en medio, agrupadas, una veintena de sillas me recordaron el cansancio.

-Esto es insuficiente, somos muchos los que estamos esperando.
Vi desocuparse un lugar y enseguida corrí a sentarme en él, sin prestarle atención al viejo con sombrero y huaraches que encorvado trabajosamente caminaba apoyado en su cayado y al cual apunto estuve de atropellar, tampoco vi a la madre de pálido rostro que concentraba las fuerzas en sus brazos arrullando a su hijo recién nacido, sin embargó si alcancé o escuchar el llanto del pequeño, era constante y muy agudo, lo cual me empezó a molestar.

-Por qué no lo calla su madre- pensé -o tiene sueño, o tiene hambre.
Como escuchando ese pensamiento la madre mee dirigió su cansada mirada, inmediatamente huí al encuentro de los ojos, nunca se me ocurrió pensar siquiera en cederle el lugar, quizás el llanto del bebe provenía del dolor que le producía sentir el cansancio de su madre. Fácilmente encontré en qué ocupar mi atención, desde el techo colgaba una televisión y pasaban un programa llamado algo así como “el poder de la decisión” las imágenes demostraban fragmentos de distintos instantes, niños brincando sobre un inflable tratando de impulsarse hasta tocar las nubes, o corriendo libremente mientras el vaivén de sus cabellos producía pequeñas corrientes de viento, campesinos sembrando semillas, haciendo fuego y obteniendo elixir de un maguey, jóvenes y adultos sobre una pista de baile improvisando con sus cuerpos movimientos que se fundían con una música que no muy clara.

-Todos disfrutan- se dijo-¿Cuándo fue la última vez que yo lo hice?

Me acuerdo… no, no me acuerdo
Clausuró sus ojos haciendo el esfuerzo por recordar, como no lograba hacerlo, inconscientemente se fue a la tierra del sueño para inventarse un buen recuerdo, imaginó muchos cielos, habló con todo el mundo, escuchó la risa de cada cascada, soñó junto a los océanos y bailó con unos gitanos, pero cuando de un brinco despertó no recordó nada.

-Nooo!, sigo aquí- pensó entre bostezos -pero… ¿por qué? no siento ningún dolor, y ahora que lo pienso, no recuerdo la razón por la que llegué a esta sala de espera.
Examinó rápidamente la sala, casi todo permanecía idéntico, con excepción de un acontecimiento: el llanto del bebe había sido sustituido por los murmullos de dos personas, una le demandaba algo a la otra:

-Señorita, ¿podré ya pasar al siguiente consultorio? hace 99 pasé al tercero y hace 199 al cuarto, ya se avecina la hora de pasar al quinto ¿cierto? Me devora la ansiedad, por favor, usted puede agilizarlo.

Con un tono monótono, la otra respondía -Lo único que puedo yo decirle es lo mismo que les digo a todos, espere con paciencia que llegará su turno.

-Y yo que me quejo porque apenas llevo esperando 40 para pasar al segundo- exclamó una joven que llevaba amarrado su quebrado pelo en una coletilla y con una playera roja que casi igualaba el color de la sangre.

-¿pero de qué hablan estas personas?

-¿ya tomaste tu turno?-le preguntó una viejecita

-¿Turno? Hay que tomar turno pero ¿para qué?

-Ve a formarte a esa fila y lo verás, yo ya voy rumbo al noveno, llevo aquí 488.

¿488? ¿a qué se refieren con esos números y esos consultorios?

Ofuscado por su poca capacidad para entender la realidad se empezó a encolerizar, el techo cada vez parecía más bajo como apunto de aplastarlos a todos, se sentía asfixiado, no lograba obtener ningún recuerdo de su pasado, ¿cuáles fueron las circunstancias que me trajeron hasta este lugar? ¿Alguien me condujo aquí o llegué yo solo? Nada, no sentía nada, excepto el vacío, contemplaba los elementos y podía nombrarlos pero era incapaz de asemejarlos con sus experiencias, lo más claro que tenía era la existencia del tiempo, pasaba muy muy lento, se formó en la fila…

Quizás pasaron 5, tal vez 10, o talvez mil, finalmente alcanzó la cabeza de la fila y leyó el letrero sobre la máquina que, como burlándose, sacaba con su lengua el papelito con un número escrito.
Lo afortunado fue que volvió a sentir, lo desafortunado fue lo que sintió; lloró casi como aquel bebé que había escuchado, dolor, soledad, olvido, tristeza, angustia, odio.

De mediano tamaño, sólo mayúsculas y de color verde las letras decían.

INÚTIL MIRAR SOBRE SÍ.

Y abajo en color rojo, de menor tamaño

Toma tu turno, bienvenido a las tierras del Mictlán.
Tú ya estás muerto.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

Vacío

Posteado por Almohadón de plumas | Categorías , | a las 17:33

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Por: Worlok

El viaje fue largo, agotador y tedioso. Cansado llegas a tu aposento con la intención de despejar la mente y tratar de dormir. Abres la puerta y la imagen que observas te es familiar: tranquilidad absoluta, todo en su lugar, es poca la luz que se logra colar entre los ventanales y las oscuras cortinas. Un silencio desolador infecta tu estancia hasta volverla insoportable. Eso es lo que a diario experimentas al llegar a casa. Puedes escuchar el golpeteo que el aire provoca en tu rostro, el avance de las manecillas del reloj suena tan fuerte que te hace desesperar.


Segundo tras segundo el crujir de los engranes te atribula. La calma deja de ser absoluta. Aberrante. En realidad no ha pasado mucho tiempo desde que llegaste y el teléfono irrumpe agresivamente el espacio. Tal vez nadie había llamado en todo el día y justo cuando llegas, en el momento justo en el que te disponías a descansar, a alguien se le ocurre asediarte. Levantas la bocina con poco interés y contestas… nadie habla. Maldita sea, lo que faltaba, a algún bromista se le ocurrió interrumpir tu letargo. Antes de colgar una voz femenina lanza un alarido de angustia y te pide que contestes,”no cuelgues por favor”, alcanzas a escuchar. Un miedo incomprensible y acelerado se hace presa de ti, La voz tétrica despertó el somnoliento cuerpo que sentado en su sillón no esperaba nada en absoluto.


No se te ocurre una salida más inteligente que colgar el auricular y creer que no pasó nada. Comienzas a temblar y no sabes por qué. Cosas como esas ocurren a menudo, y tú siempre actúas de una manera extraña cuando se presentan situaciones así. No controlas tu temor, no puedes canalizar tu miedo hacia algo o hacia alguien, intentas no darle importancia pero en el fondo no puedes dejar de pensar en ello. Tratas de esquivarlo, evitarlo, pero sabes que no te es posible, pues el miedo te acompaña, es parte de ti.


Divagas sobre no sé qué cuando el teléfono suena de nuevo, esta vez lo escuchas con mayor intensidad y el espanto te hace retroceder. ¿Contestar? Dudas en hacerlo, desconectar la bocina sería una solución, muy cobarde, por cierto, y lo sabes, por eso no lo haces y prefieres levantar de nuevo el auricular. La mujer sigue ahí, suplicando, la voz se funde en desesperantes sollozos: “Ayúdame, me hacen daño”, —¿cómo puedo ayudarte?– respondes. Lo que antes era una atmósfera tranquila ahora se ha convertido en un terreno singular, lleno de sombras y miradas ocultas que te acechan como cuervos durante la noche.


El pánico te corroe…


-¡Necesito respirar, me estoy ahogando!

-¿Dónde estás? –Preguntas más por compromiso que por verdadero interés.


Recuerdas cuando de pequeño te cubrían con almohadas el rostro y sentías que te ahogabas, desesperadamente intentabas escapar de la trampa y gritabas hasta que tu llanto alejaba a los demás. O cuando despertabas sudando porque no podías respirar; sentías que el silencio y la soledad eran tan asfixiantes como para obligarte a gritar y maldecir tu suerte.


Los gritos detrás del teléfono te hacen regresar a la realidad.

−Necesito ayuda, por favor. Me hacen daño, mucho daño, tanto que no puedo respirar, no sé dónde estoy, ayúdame maldita sea.


¿Por qué a ti? Habiendo tantas personas en este lugar, por qué pedir auxilio a una persona cobarde como tú, que jamás se atrevería a enfrentar el miedo.


Cuánto tiempo pasó desde el primer grito de dolor y el final de tus divagaciones, quizá lo suficiente para que la vida de aquella mujer se esfumara y te dieras cuenta que estabas tirado en el suelo, llorando de miedo, escupiendo sangre y retorciéndote como si te hubiesen arrancado los intestinos.


Te perdiste en la inconciencia…


El viaje fue largo, agotador y tedioso. Cansado llegas a tu aposento con la intención de despejar la mente y tratar de dormir. Abres la puerta y la imagen que observas te es familiar: tranquilidad absoluta, todo en su lugar, es poca la luz que se logra colar entre los ventanales y las oscuras cortinas. Un silencio desolador infecta tu estancia hasta volverla insoportable. Eso es lo que a diario experimentas al llegar a casa. Puedes escuchar el golpeteo que el aire provoca en tu rostro, el avance de las manecillas del reloj suena tan fuerte que te hace desesperar.


Segundo tras segundo el crujir de los engranes te atribula. La calma es absoluta Aberrante. En realidad no han pasado mucho tiempo desde que llegaste y cómo te gustaría tener un teléfono para hacer una llamada, o simplemente para adornar aquel espacio vacío en la esquina de tu habitación. Mas no es así, no pasa nada, absolutamente nada.

Altruísmo

Posteado por Almohadón de plumas | Categorías , | a las 17:29

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Por: Casiopea

No podemos decir, siquiera, que alguna vez trascendimos la barrera que majestuosidades tranparentes han recorrido en segundos cósmicos que representan lo que tú y yo no podemos corresponder con leyes absurdas que incumben a teorías especulativas que tratan de comprender qué somos o más bien si en verdad tenemos un papel dentro de este juego al que tenemos definido por distintos nombres, ciertamente todos tan patéticos como nosotros mismos.

Qué son las palabras ante el inimaginable alcance de los actos en espera de la maleabilidad del tiempo que ocupa nuestro espacio dentro de una existencia arrinconada en patrones y conductas predecibles como lo somos todos nosotros en la temporalidad de nuestra existencia.
Sentimientos, emociones, conductas, abnegaciones, privaciones, son sólo una mancha que hemos obtenido del caos que aparentemente logramos a través de lo que llamamos vida, siempre en una búsqueda complaciente del orden que tratamos de imponer en una serie de actos intransigentes de emotiva ansiedad que desembocan en realidades inesperadas de conductismo humanista absurdamente sensacional.

Las pretensiones benevolentes en cada uno de nosotros, nos destruyen, nos defecan, nos aniquilan ante el escepticismo de lo mucho que no somos y lo demasiado que jamás lograremos ser, entender la retórica de nuestra existencia, es tan complaciente como suficiente en los diferentes roles que el altruismo complace en uno.

Pasatiempos

Posteado por Almohadón de plumas | Categorías , | a las 17:26

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Por: L. Claudel

Me sumergí en mi cama, pero no encontré caracolas ni estrellas de mar, sólo había esperanzas y sueños que tuve que ahogar. Aquellos anhelos quedaron llenos de moho: lucen terribles, me dan pena. Recuerdo el día del asesinato: se resistían, pero yo empujaba tan fuerte que no pudieron sobrevivir. Supongo que me costó más trabajo matar que mantenerlos con vida, hoy me remuerde un poco la consciencia, sobre todo cuando vuelvo a caer y por casualidad termino nadando allí abajo.

Aprendí a volar, fue sencillo y sé que lo has hecho alguna vez. En el aire se siente como si cada miembro del cuerpo pudiera desprenderse: piernas y brazos separándose de tu tronco, ¡te asusta! Además del aire en las orejas, los ojos irritados, la fuerza para ir contra el viento; lo más turbulento es el vértigo allá arriba.


Dejé de volar. Tal vez ya se me olvidó cómo hacerlo, cómo planear de arriba abajo, de izquierda a derecha. ¿Que si era satisfactorio? No creo que puedas pensar así si no puedes controlar las ganas de vomitar.


Aprendí a cantar pero nadie escuchaba mi voz. No sé qué hacía falta, tal vez que yo la escuchara, hoy no tengo idea de qué tono tenía mi canción.

Ahora sólo camino y pienso esto. Supongo que eso es más terrible que dejar de nadar, volar y cantar.

Muerte Puta

Posteado por Almohadón de plumas | Categorías , | a las 17:22

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Por: David Romero

La muerte es el viaje más sublime, aquel en donde las puertas de la percepción se abren, poniendo ante ti todo el conocimiento.

Pues qué mejor orgasmo que aquél que nos regala esa puta de dientes pelones, imagínate, desaparecer de esta materialidad para simplemente hacer el amor al vacío, pero el verdadero amor, ese que no se encuentra en una barata del día de San Valentín.

El amor que llora, el amor solemne, el amor te extraño, el amor me voy pero me quedo contigo, el amor de la nuevas generaciones que no saben que la despedida es el acto más terrible e hiriente que nos da la razón.

El amor espérame que ahí te voy, el amor a la vida, pero también el amor hacia la tregua final.

La muerte, esa mujer anoréxica que mueve las nalgas en el burdel más olvidado, esa puta que sonríe y nos cobra el privado antes de bailar, que erotiza las miradas de los vivos y enamora los corazones de los esperanzados.

La muerte, vaya que puta,
Que me cobra la cogida con la venida,
Con el espasmo
Que es y será mi suspiro final.

¿Quién soy yo?

Posteado por Almohadón de plumas | Categorías , | a las 17:21

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Por: David Romero

Yo soy tú, cuando me miras,
cuando me piensas, si es que lo haces,
cuando me dices que soy tú, pero con menos sesos o menos civilizado.

Tú eres yo, cuando me tocas y ves que mis reacciones no son del todo tú,
sino, más bien algo más, eso que quizás haga que tu yo y mi tú
se difuminen hasta hacer un nosotros.

Un nosotros lleno de besos a otros, y no a esos a los que deberían de ser,
pues tú y yo ya no sabemos si somos lo que deseamos,
o lo que nos permitimos ser.

Yo, tú y nosotros, ahora que lo pienso,
en realidad cuando lo pensamos, no existe,
pues él y tú, ustedes
son lamentablemente la realidad.

Una circunstancia donde yo tú ¿él?, quizás hasta nosotros tres,
Somos y nos pertenecemos,
Pues lo raro de este asunto, es que yo soy él,
Pues ella igual a tú, prefiere al yo que para mi es el otro.

El otro, que está seguro del amor bipartido de ella,
De esa que juega con lo establecido y convierte al pronombre,
al espacio y al tiempo en cuestión de relatividad.

Total
¿Quién soy yo?
¿Quién eres tú?
Pero lo más importante al final:
¿Quién realmente encarna como él en esta historia?

Deseos sin hogar

Posteado por Almohadón de plumas | Categorías , | a las 17:17

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Por: Taker

En estos días de falsos placeres y muertas excitaciones me aferro a ti. A tu recuerdo, que es lo único que me dejas, a ese reino de fantasías donde me mantienes exiliado, donde con desdén me encierras esperando volverme loco; más, porque sabes quién eres y no te basta con eso, me lo restriegas en la cara cada día, al caminar con soltura por los pasillos, al sentarte donde siempre lo haces, esperando como acostumbras a tus leales súbditos, con el simple hecho de existir y ser tal cual eres, como la fantasía de esa diosa desafortunadamente vestida que me das y con la que me tengo que acostumbrar.

En la cárcel de la distancia me encuentro refundido, ella es mi peor enemigo. Te busco en mi torcida mente, te visto para poder desvestirte a mi gusto; aunque, si acaso te lograra encontrar, sin importar que ropa o apariencia estés vendiendo hoy, te llevo a un prado sin un alma, donde somos los únicos seres “vivos” del planeta y dejamos que, cual plantas, el viento sea nuestro benefactor y me ayude a conquistarte y pertenecerte desde y para adentro como la hermosa flor salvaje que eres, llevando en cada brisa susurrante de pasión un poco de mi polen, un poco más, hasta que tu pistilo se rinda, hasta que sea mío, para que yo marchite dentro de ti, para que florezcas con los pétalos más abiertos y preciosos que nunca se hayan encontrado, y saber sin quejas que aunque alguien más violente y arranque esta flor de la tierra, al menos en algún momento ella fue de mi jardín y yo pertenecí a ella.

Con recato miro entre lo opaco del día, entre la pesadez de la vida, esa con la que cuesta tanto respirar para seguir viviendo. Yo me rehúso, pues sólo quiero respirar si es de tu aire, el que me regales, el que dejes escapar de ti al desfallecer, mientras te ataco con mi boca, mientras esté sobre de ti, cuando me dejes mostrarte cómo quiero vivirte; he nacido con la única reserva de ser yo quien te pueda tocar, quien sabe cómo quieres ser descubierta, me dieron el tacto para conocer cada rincón de tu cuerpo, tengo oídos sólo para escucharte gemir y para que sólo menciones al placer, con mis ojos pretendo ver tu verdadero yo, ese que sólo mostrarás cuando estés en la cima de un clímax pasional de carne; así, podemos dejar de sentirnos como una sola piel fundida en una fiesta de besos y caricias, estallando las barreras del tacto y del sexo, para oler al fin tu esencia, para sentirme como un vulgar ladrón en un palacio de deseos, recordar ese olor hasta la muerte y poder robar una imagen de tus ojos en blanco, tu cuerpo en éxtasis y tu alma mía. Hasta ese instante sabré que estoy vivo, porque me perteneces sin saberlo, porque todo el deseo que pueda sentir con esta carne casi muerta habita en ti y tú lo corres antes de abrir la puerta.

Porque debo ser yo quien te demuestre que el encuentro de nuestros cuerpos no es sólo una aventura, es mi odisea, y no termina hasta que te arranque la ropa y te bese desde los pies hasta el espíritu, quedándome a dormir como un vagabundo en tu más secreta y oscura habitación, hacer mío cada lunar en el cielo despejado de tu piel, apropiarme de cada vello en el prado de tu entrepierna, atónito por el eclipse que forman tus senos, donde quiero ser niño de nuevo y jugar o crear un templo en cada uno de los pares de tus labios y que me dejes regresar a rezar cada que sienta que pierdo la fe.

Todo eso y más te hago desde aquí, cada que puedo, al verte, me conforma la perversidad de mi imaginación pero me mata lo lánguido de la posibilidad, porque siendo tú mi única y verdadera diosa de la fertilidad, me das la espalda como crees que debe ser, me tiras en el desierto de la frigidez, en un mundo donde se castiga al deseo, y la pasión mata. Me exilias a esta mísera realidad donde me ahoga sólo una fantasía contigo, donde me muerdo la lengua con una sola necesidad que tengo, el deseo de que antes de ser mía me digas hola y sepas quien te espía.

viernes, 30 de octubre de 2009

Ciudad sin dios

Posteado por Almohadón de plumas | Categorías , | a las 16:12

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Por: Taker

Los infiernos de toda religión están aquí; convive uno de cada universo y cada cabeza es uno, en esta ciudad; que es de ellos, se coquetean al verse en las calles de la realidad, su territorio. Cualquier dios sabría que ha apostado ciegamente, es hora de tomar avergonzado lo que le queda, caminar dando la espalda a su experimento y cuestionar la existencia, pensando con agoniosa pena en esta inexorable mancha de sangre, perdición y concreto para poder volverse ateo.

Como ejércitos de almas condenadas, vagan por las calles, condenados en vida la mayoría, porque ellos mismos lo deciden así. En cualquier espacio y en cualquier tiempo se cruzan en la esquina, el que carga la muerte en hombros por una enfermedad moderna impía y ni siquiera lo sabe. Sufre cáncer, el de las ciudades, ese que no es otra cosa más que la pesadez y el asco hacia tu alrededor vuelto contra ti. Camina agotado por oscuras calles culpando al estrés de su inconsciente sentir. La divina comedia moderna está aquí, una promesa de paraíso se perdió, los casi puros como él se quedan atorados en este infierno, porque ha muerto la fe en el cielo y el purgatorio ya no existe. Por si acaso fuera poco su condena, como policía de la urbe no gana mucho y ha tenido que elegir dentro de sus hijos a la menor para darle todo lo que pueda y ser la única que siga estudiando.

A kilómetros de distancia, cobijado por las sombras, aguarda en una esquina un joven. Puede ser otra víctima del caos, sólo otro aborto bastardo de este corrompido hábitat miserable; su madre, falleció años atrás atropellada en una de las principales avenidas del monstruo de asfalto y todo por un conductor que tuvo el atino de tomar unas copas de más aquella tarde. Este joven perdió más que a su madre entonces, decidió que retirarse de las reglas de la sociedad sería su consigna, en su casa faltó el amor desde aquel fatídico suceso y tras él, extrañamente el dinero escapó también después de aquella crisis, era otro pobre ángel jodido que había caído en esta tierra de caníbales divinos.

En el metro, una linda niña se contempla en el reflejo del cristal en la puerta. Mira la fealdad con que las sombras recrean su rostro al pasar por un túnel, piensa que el único túnel es en el que vive esta gente, esperando la luz al final para saber que han logrado algo, dentro de su optimista mente sabe que el lograr algo no es un fin; es un camino, uno en el que se debe pelear contra todo, sin importar lo horrible de tu pasado, ni mucho menos la caótica situación actual, ni hablar del negro futuro que te puede esperar cuando eres la única de tu familia que ha estado por entrar a la universidad, se escucha molotov al fondo del vagón con un vendedor de discos; te dan unos pesos y esperan que salgas adelante, más alto que cualquiera de los tuyos, creen que no debe preocuparse de otra cosa que no sea el estudio, total, como decía su papá “es lo único que haces niña, no tienes otras preocupaciones”, su vida, según su familia, no existía entonces mas allá de esa escuela a la que está por entrar. Es una frágil adolecente con problemas como todos, una desventurada historia pero eso sí, mucha esperanza.

El único respiro era pensar en su novio, aún sin haber mucho tiempo para poder abrazar esa breve relación entre tanto estudio para entrar a la carrera, llevaban relativamente poco tiempo juntos, pero desde el inicio esa relación fue un oasis de esperanza en medio de esta gran mancha de pecado urbano. Su novio era un joven humilde, de una familia pobre como los más en esta ciudad, que desempleado dedicaba sus días a buscar trabajo honrado. Esta víctima del cruel ocio del destino, sabe en el fondo de su ser que no puede dejar la búsqueda, este ser casi perfecto, casi inocente actúa sólo por el amor que siente, porque conoce la condición poco cómoda de su novia y su familia y quiere ser útil.

Una noche, aparentemente como cualquier otra. La calle fue único testigo, como pasa siempre en este lugar, en la esquina donde cada noche aguarda enmascarado con un gorro y un pañuelo en la cara el tipo huérfano de madre por culpa de un “accidente”, vino a encontrarse con el pobre desempleado. Ocurrió lo obvio en esta ciudad, el encuentro terminó en un asalto que dejó muerto al desempleado, fue asesinado por no querer dar nada al agresor; más bien, por no tener nada que darle, el sonido del disparo rugió con furia por las sordas calles y se detuvo en los oídos de un policía que patrullaba su zona, cansado de su trabajo, de su condición, de no poder darle educación a sus dos hijos, enfermo sin saberlo; alcanza a nuestro disfrazado ladrón que harto del sistema, ve en cada víctima al asesino de su madre. La muerte lo abrazó para siempre, quizá eso era en realidad lo que buscó todo este tiempo, el policía disparo tres balas sobre el cuerpo del hampón. Orgulloso se acercó a despojarlo de su improvisada máscara, sólo para averiguar aterrorizado que acaba de matar a su propio hijo. Más tarde en esa misma madrugada, aquella hermosa joven con su carrera y futuro por delante se suicido, no soportó la muerte de su hermano a manos de su propio padre, ni mucho menos la noticia de que a su novio le fue robada la vida en un asalto perpetrado por su propio hermano.

El único “sobreviviente” de esta ciudad y sus perversos azares fue aquel policía. Tranquilo porque sabe que aún habiendo perdido todo sin ser juzgado por la ley, estaba cumpliendo con su trabajo, una sentencia mayor yace en sus hombros, a él le apuntaba la muerte antes de todo esto y sólo espera a que esa enfermedad de las ciudades modernas, ese cáncer que ahora sabe que tiene, extinga su miserable existencia para poder cerrar el círculo que inició, ahora él le pregunta a su dios:

-¿Por qué nos has dado la espalda? O mejor aun, ¿Por qué no bajas tú a que esta ciudad te devore a ti? Que para eso debieras ser nuestro dios.

Somos

Posteado por Almohadón de plumas | Categorías , | a las 15:46

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Por: L. Claudel
leitzeclaudel@hotmail.com

Somos… quizá.
En miles de formas me construyes, sabes lo que soy.

Hemos volado juntos, volamos aún.
Nuestros brazos se juntan, se comen tristemente uno a uno,
y eso somos: uno.

Te construyo, sé lo que eres.
Y caemos siempre de un violento vuelo.

Nuestros ojos se buscan,
pero no se encontrarán, jamás. ¡Nunca!

Ahora, estamos perdidos,
no sabemos cómo regresar a nuestro cuerpo
nuestros brazos también se comieron tu boca y mi boca: el aliento,
royeron nuestros deseos… el pensamiento.

Es entonces cuando somos tú y yo.

Pensar o sentir

Posteado por Almohadón de plumas | Categorías , | a las 15:26

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Por: Obed

Las palabras siempre representaron un lío para lo que en verdad quería decir, a la gente suele importarle poco lo que existe dentro de una mente . No es algo que llegara a afectarme lo suficiente como para no querer merodear dentro de estas patéticas criaturas, conseguía jugar con mi lento andar mientras respiraba la poca inteligencia de mis actos apresurados y melodramáticos.


No importase dónde me parara o caminara, todo estaba destinado por el pesimismo que alimentaba mis constantes ganas de mandar todo al carajo. No existía un lugar dentro de mis recuerdos que mostrara un camino para seguir o por el cual luchar, el conformismo me resultaba aun más asqueroso que todo lo anterior, la búsqueda de una alegría era demasiado humana, ello me causaba temor.


Pensar y sentir, a eso se resumía todo, no era lo suficientemente seguro como para poder dejar una de los dos. Si dejaba de pensar el sentimiento me destrozaría en un incesante intento por creer obtener ese cariño que tanto he malgastado hacia personas que solían desinteresarse por lo que pudiera entregar, siempre habían existido prioridades y no estaba mal que yo no fuera una, simplemente la realidad es demasiado sencilla como para entenderla con los deseos. Por otro lado dejar de sentir consumiría mi esencia, la olvidaría, no tendría por qué y para qué recordar todo, estaría predispuesto al olvido incesante que originarían las nuevas ideas desechando y burlando a las predecesoras.